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EL DOS DE MAYO DE 1808 COMO MITO LIBERAL

Sin este  preámbulo los enterramientos del Cementerio de la Florida o el monumento a los Héroes de aquella memorable fecha,  que tratamos en otros lugares de estas  páginas,  quedarían con importantes lagunas de interpretación, si no aclaramos el concepto del Mito del dos de Mayo.

La revuelta popular del dos de mayo de 1808, es incuestionable, pero hay que encuadrarlo entre dos importantes lecturas: una de ellas histórica, el derrocamiento por golpe de estado de Fernando VII a su padre Carlos IV y otra sociopolítica, el aprovechamiento de lo sucedido por parte de los liberales para crear, años después del suceso, una serie de valores cívicos que tienen como consecuencia la transición ideológica de los españoles, de súbditos a ciudadanos libres.

LECTURA HISTORICA
 Motín de Aranjuez
Durante el mes de marzo de 1808 la familia real se encontraba en Aranjuez, pendiente de los acontecimientos que traía consigo la presencia de tropas francesas en número de 65.000 en virtud del Tratado de Fontainebleau.

El 17 de Marzo corre por las calles de Aranjuez el rumor del viaje de la familia real a través de un conocido agitador político que enardecía a las masas, aportando incluso capital para incentivar agitadores, el tío Paco que en realidad era Eugenio de Palafox y Portocarrero, octavo Conde de Montijo y futuro tío de la emperatriz Eugenia, que disfrazado y fiel seguidor del partido fernandino, se mostraba interesado en que se produjera la sucesión del trono de Carlos IV al absolutista Fernando VII.

El infante don Fernando, mantenía correspondencia con Napoleón e incluso le había solicitado, desde su anterior intento de derrocamiento de su padre en El Escorial,  una princesa de la familia Bonaparte para contraer matrimonio con ella. Mientras  manipulaba la opinión pública con tres artimañas muy bien entretejidas: fomentar el odio popular a los soberanos, acusando a su madre de adulterio con Godoy y a su padre de consentirlo; conseguir la animadversión de la iglesia a los actuales reyes, con el rumor  de desamortizaciones de bienes eclesiásticos y fomentar el rencor de la nobleza,  por la acumulación de poder del primer ministro Godoy, en detrimento de ellos.

El resultado del Motín de Aranjuez  fue la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando VII, el golpe de estado había logrado su plena efectividad el 19 de marzo y Fernando ya rey, entra en Madrid el día 23 del mismo mes con una acogida espectacular por parte de la población.

Consecuencias del golpe de estado: la familia real en Bayona.
Napoleón, como árbitro de las fatales relaciones de la familia Real, desde hacia tiempo y político que regia los destinos de casi toda Europa, no aceptaba con buenos ojos la abdicación forzada de Carlos IV y solicita una reunión familiar en Bayona para conocer de forma personal lo ocurrido en Aranjuez y cursa instrucciones a todos los miembros de la familia real, para su  traslado a esa población francesa, muy cercana a la frontera con España.

 Parte Fernando VII hacia un encuentro con Napoleón,  con guarnición francesa como escolta el 10 de abril, dejando una Junta formada por Piñuela, O´Farril, Gil y Azanza al cargo del gobierno de la nación.
Llega Fernando VII a Bayona el 20 de abril siéndole dispensado un agradable recibimiento y esperando conjuntamente la llegada de Carlos VI y Godoy, que por caminos diferentes llegaron a la ciudad el mismo día 30 de abril, mientras, Fernando VII había dado instrucciones a la Junta que había dejado en España para que fuesen enviados a Francia el infante Francisco de Paula y la reina de Etruria María Luisa.

Las discusiones de todos los miembros de la familia real, en presencia de Napoleón como moderador, fueron de autentico sainete chusco y el emperador hombre que reverenciaba los valores familiares veía horrorizado y lleno de prejuicios el comportamiento de un hijo desleal contra sus padres, que por otro lado se comportaban de forma pueril y ridícula y cuyas discusiones se transformaban en reproches mutuos sin ningún alcance político, por esta casusa se pacta que las negociaciones familiares  se realicen de forma epistolar de tal manera que estas cartas han  llegado hasta nuestros días, siendo la mas políticamente significativa la respuesta  de Carlos IV a su hijo, que según nos cita Diaz-Plaja el monarca escribe, dirigiéndose al infante “Os habéis sentado sobre mi trono y os habéis puesto a disposición del pueblo de Madrid y de las tropas extranjeras que en aquel momento entraban.” Fechada el mismo día dos de Mayo de 1808.

Napoleón el día cuatro de Mayo, interviene en las negociaciones, comunica los graves sucesos de Madrid y advierte a Fernando VII.” Si de aquí a medianoche no habéis reconocido a vuestro padre como legitimo rey y no informáis a Madrid, seréis tratados como rebeldes”.

La situación en Madrid
El partido fernandino, después de los sucesos de Aranjuez del 19 de Marzo, que ya les situaba en una posición privilegiada, comenzó a actuar como un gobierno en la sombra a base de otorgar medidas populistas que satisfacían al pueblo: pago de alquileres impagados a través del capital expropiado a Godoy;  restablecimiento de las corridas de toros;  promesa de obras públicas, como la traída de aguas del Jarama a Madrid;  disminución de cotos de caza reales para favorecer el cultivo y la apertura de los parques públicos para disfrute de las poblaciones urbanas; indultos de figuras relevantes como Jovellanos, Meléndez Valdés, Urquijo o Cabarrus, que compensaba a todos los que se habían opuesto a  Godoy .

Por otro lado, desde la salida del nuevo monarca Fernando VII  al encuentro de Napoleón, del que necesitaba imperiosamente el reconocimiento de su nuevo estatus, el despliegue de las fuerzas de Murat por Madrid y las ordenes del nuevo rey a la junta de Gobierno “de no intervención contra esta ocupación pactada”, se combinaban mal con el clima de efervescencia popular que bullía en el ánimo de los madrileños, que se ensañaban en coplas contra los caídos en desgracia, Godoy, Carlos IV y la reina María Luisa.

Los hechos en los primeros días de  mayo.
El estallido comienza cuando la Junta recibe el 27 de Abril la petición de Murat de trasladar a los dos únicos hijos de Carlos IV que aun permanecían en Madrid. Su primera reacción es negarse a ello, pero días más tarde, reciben la orden de Fernando VII desde Bayona de favorecer el traslado y después de una larga reunión, en la noche del uno al dos de Mayo, se acepta esta decisión.

La mañana del primero de Mayo se celebra en el Sotillo la  romería de Santiago el Verde, y son muchos los forasteros que desde los pueblos cercanos acuden a Madrid, en una época en que los viajes, hasta los más sencillos de realizar estaban muy sujetos a limitaciones policiales. Entre los asistentes a la romería se encuentran agitadores que reparten octavillas y tratan de hacer notar su presencia en un claro apoyo a la figura del recién nombrado Fernando VII. Muchos de ellos, conocedores de un intento de reforzar la figura de Fernando VII con una algarada deciden hacer noche en Madrid.

El dos de mayo, a primeras horas de la mañana, mientras el ejército recibe la orden de acuartelamiento, la decisión del traslado d los infantes a Bayona está a punto de realizarse cuando una organizada multitud se dirige al Palacio Real e intenta asaltarlo al grito de “que se los llevan”. El tumulto asusta a Murat que manda a unos Guardias Imperiales al Palacio acompañados de artillería que dispara contra la multitud.

La aspiración de impedir la salida de los infantes de unos cuantos, junto con el deseo de venganza por las primeras muertes provocadas por la decisión de Murat, la búsqueda de armas para defenderse de las seguras represalias del ejército francés y evitar la llegada de las tropas acantonadas fuera de los  límites de la ciudad, dieron lugar a una  lucha que duró algo más de cinco horas y culminó con la muerte de cuatrocientos nueve  españoles de ellos únicamente cincuenta y nueve madrileños, de una población en la villa de Madrid que se cifraba en unos ciento sesenta mil habitantes, contando entre todos los caídos cuarenta y tres  arcabuceados en los sucesos del tres de Mayo, sepultados en el Cementerio de la Florida.

LECTURA SOCIOPOLITICA.
Absolutamente nadie esperaba una reacción tan contundente contra las tropas de Napoleón, los mandos militares estaban convencidos de la imposibilidad de hacer frente al ejército imperial, que había triunfado en Europa y corroborado su prestigio ganado tiempo atrás. La opinión general pensaba que la errónea política de Godoy había conducido a la descomposición del ejército y a su debilitamiento y en consecuencia era una temeridad emprender una guerra contra las mejores tropas del mundo. Napoleón estaba convencido de que los españoles no deseaban la guerra y asumirían los acuerdos firmados en Bayona, entre la familia real y el mismo. Con ellos se había sustituido en el trono de España a la casa de Borbón por la de Napoleón y la entronización de su hermano José calmaría los ánimos, cuando fuese reconocido como nuevo rey de España y de las Indias.

La lógica de las ideas en una sociedad basadas en los clásicos estamentos del Antiguo Régimen era que los súbditos acatarían la voluntad de sus soberanos y así lo entendieron muchos españoles que admitieron a José I como rey, que fueron conocidos como afrancesados o josefinos, pero otros no reconocieron el cambio de dinastía y se encontraron con un vacío legal, al no estar Fernando VII al frente de las instituciones, por un doble motivo: la abdicación de la corona a su padre Carlos IV, en los acuerdos de Bayona y el estar fuera de España para situarse como cabeza visible de las estructuras de la Corte.

Pero encontraron un doble razonamiento para solventar el vacío legal, por un lado se forjó el mito del “príncipe inocente” aquel que engañado a viajar a Bayona, había sido obligado a abdicar de su condición real y que su entronización como monarca, que no había sido un hecho natural dentro del juego dinástico de la monarquía, sino una aclamación de su pueblo en el conocido como Motín de Aranjuez.

Con estos dos principios solventaron la aceptación de la Junta Suprema, que amalgama de forma federal las Juntas creadas por las autoridades locales que asumían en sus propios territorios el poder supremo, legitimaba el poder de estas, aun en ausencia de la autoridad derivada del Rey

¿Puede decirse que las masas que iniciaron los actos heroicos del dos de mayo eran ciudadanos?, ¿que los españoles afrancesados, que aceptaron la constitución napoleónica eran ciudadanos? y sus opositores que se agruparon en torno a la Junta Suprema, con aclamaciones y vítores a Fernando VII ¿también lo eran? En mi opinión todos ellos seguían siendo súbditos de una monarquía obsoleta y trasnochada que había sido barrida de Europa y el camino a la ciudadanía aun quedaba lejos.

El entusiasmo que ofrece la masacre del dos de mayo de 1808 a los intereses políticos de los liberales, se desarrolla algunos años después, se desvirtúa  la cruda realidad de los sucesos e se imprimen arquetipos que están muy alejados de la realidad y sentimientos de aquellos que los protagonizaron, en un  intento de hacer de ellos un nuevo concepto de “pueblo” que se levanta para salvar a una “patria” con el único interés de vencer a un “invasor”, conceptos que aun no estaban asimilados en los años en que se produjo el suceso.

Así surge, el mito del pueblo heroico que lucha por la libertad nacional y les otorga el derecho a participar en la toma de decisiones que afectan a la colectividad”. No en vano, en el manifiesto que la Junta Suprema emitió para anunciar la convocatoria de Cortes se decía que “Pueblo tan magnánimo y generoso no debe ser ya gobernado sino por verdaderas leyes”.

En el año 1810, la ceremonia llevada a cabo en Cádiz, donde se encuentran reunidas las Cortes, marca el inicio del culto patriótico de signo liberal, en un intento demonopoliza ya el discurso sobre lo sucedido el dos de mayo vinculando el sacrificio de las víctimas con la lucha por la “libertad” y en nombre de la “patria” y en  1814, con el ejército francés abandonando España, junto con el monarca impuesto José I y sus democrática constitución se crea un arquetipo de celebración cívico patriótica, en la conmemoración del aniversario del dos de mayo con el traslado de los restos de los héroes militares al obelisco de la Plaza de la Lealtad emergentes símbolos nacionales, haciéndose cargo de la realidad social con la que debían lidiar mezclando la fe civil y la fe religiosa.

El perfil concreto del mito creado se traduce en el monumento a los héroes del dos de mayo de Aniceto Marianas en donde todos los tópicos se unen en la creación de una obra perfecta, no de hechos ciertos, si no de símbolos imprescindibles para la creación del mito.

 

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