La tradición ceramista, introducida por Carlos III en el año 1760 con la creación de la Real Fabrica de Porcelanas, fue interrumpida con la llegada de las tropas francesas en 1808 y la destrucción de las instalaciones que se encontraban en los Jardines del Buen Retiro.
Primera etapa de la fábrica de la Moncloa
En 1817, a petición de la reina María Isabel de Braganza, Fernando VII establece por Real Decreto, la creación de la Real Fabrica de la Moncloa en terrenos de la Granjilla de los Jerónimos en el Real Sitio de la Florida. Se trataría, igual que la anterior Fabrica del Retiro, de una propiedad de la Corona y se aprovecharían los materiales, pasta y moldes, así como el experto personal que hubiera trabajado en la fábrica del Buen Retiro.
Comienza a manufacturarse porcelana de buena calidad para uso de la Corte, bajo la diestra dirección de Antonio Forni, hasta que se agotó la pasta procedente del Retiro, comenzando a utilizarse tierras de Colmenarejo, Galapagar y Valdemorillo a las que se añadía caolín y feldespatos también de origen comarcal, dando lugar a vajillas con piezas muy policromadas, con motivos al gusto francés de figuras mitológicas envueltas en elaboradas cenefas.
La cerámica de este periodo se identifica por la M coronada o la flor de lis del Retiro en color azul, pero ya en 1821, después del cambio de dirección que recayó en Bartolomé Sureda, se da un giro a la producción entrando las manufacturas en un nuevo diseño y la fabrica en una segunda etapa.
Segunda etapa con fabricación industrial en serie.
Bajo la dirección de Bartolomé Sureda (1821 a 1829) se utiliza un nuevo concepto de producción masiva, a tenor de los nuevos tiempos, con técnicas procedentes de Sévres, diseños al gusto francés en la forma y decoraciones al gusto sajón, que es imitado por otros centros cerámicos nacionales, Sargadelos y Cartagena; poco a poco, se abandona la producción de porcelana para ir aumentando la de loza, quedando la fabrica inmersa casi, en una producción industrial en serie propia del siglo XIX, intentando conseguir una comercialización mayor y que la Casa Real no fuese el único cliente de la Real Fábrica casi en exclusiva, procediéndose, incluso, a la apertura de una tienda en la calle Jaramillo.
La cerámica de esta época se caracteriza por una decoración estilo imperio, con fondos blancos o al menos monocromos y el motivo principal, remarcado en oro u otros colores en ambos bordes, pie y labios
Sureda, abandona su puesto a casusa de su jubilación siendo sustituido por Antonio Salcedo que no logra dar con un diseño y proceso de fabricación que consiga rentabilizar las instalaciones fabriles, siendo destituido en 1834.
Tercera etapa y clausura
La Real Fábrica de la Moncloa cae bajo la dirección de Mateo Sureda, hermano de Bartolomé que trata de simplificar al máximo el diseño, decorando en muchas ocasiones la loza con una simple banda o bien con motivos abstractos, muy lejos de la ornamentación de las épocas anteriores.
En 1846 se trae exprofeso un sustituto para el cargo de director de la factoría, desde Isigny, Juan Federico Langlois, que una vez tomado su puesto trata de establecer un férreo hermetismo en la composición de sus pastas y tratamientos, logrando un gran malestar entre los empleados que unido a un estado anticuado de las instalaciones y una falta de materias primas de calidad para las mezclas, producen el cierre de las instalaciones por Real Decreto en 1850.
La principal novedad aportada por la familia Zuloaga, fue la producción de azulejos destinada a diferentes edificios urbanos, siguiendo los modelos decorativos impuestos por el modernismo catalán de finales del Siglo XIX, que fueron utilizados en el Palacio de Velázquez (1883), el Palacio de Cristal (1887) que podemos ver en el Parque del Retiro, así como la Escuela de Ingenieros de Minas (1884 a 1893) en Madrid.
Otro de las manufacturas realizadas por los Zuloaga fueron los botes de farmacia, grupos escultóricos y placas a imitación de los trabajos de Alcora y un retorno a técnicas españolas del siglo XV, que imitaban reflejos metálicos en la porcelana al estilo de Manises.
Los enormes gastos de la puesta en marcha de la fábrica y la falta de atención del público en este tipo de arte fue el ocaso de estas instalaciones que fueron definitivamente abandonadas hasta su rescate ya en los primeros años del Siglo XX.
Los hermanos Zuloaga, al cerrar estas instalaciones, se trasladaron a un taller de la zona de Vallehermoso y continuaron con otras decoraciones, encomendadas también por el mismo arquitecto de los edificios anteriores, Velázquez Bosco, como fue el Ministerio de Fomento.
Del emplazamiento actual, podemos distinguir ciertas singularidades: los restos que aun perviven de las antiguas instalaciones de los Zuloaga, la singularidad del edificio creado por el arquitecto Luis Bellido González; la decoración del jardín interior, diseño de Javier Winthuysen y la personalidad del fundador de la escuela, Francisco Alcántara que se encuadra dentro de la Institución Libre de Enseñanza.
Perfil humano Francisco Alcántara Jurado
El creador de esta escuela de cerámica, Don Francisco (Pedro Abad 1854-1930) puede considerarse un hombre polifacético, al que en una época difícil e inmersa su niñez, en una cultura rural en la Andalucía profundad de mediados del XIX, es educado por su tío, un maestro rural, que le infunde unos principios basados en el trabajo y esfuerzo que le inducen llegar a Madrid sin más ayuda que su espíritu emprendedor y su preparación humana.
Los estudios de Bachillerato los realizó en Córdoba, teniendo ocasión de ser discípulo de Rafael Romero Barros, padre y maestro del pintor Julio Romero, que tenía un sistema educativo basado en una inmersión pedagógica conocida como “coeducación” en la que alumnos y profesor, se trasladaban a lugares naturales para conocer más profundamente lo estudiado.
En Madrid, llego a ser jefe de protocolo, fundador del museo municipal de la ciudad, fundador y director de la escuela de cerámica que aquí nos ocupa, abogado, perito agrónomo, un buen crítico de arte y buen pintor acuarelista.
Como critico de arte, fue muy importante al valorar públicamente la obra de Romero de Torres, Rafael Boti, Vázquez Díaz y un gran valedor del Greco, que estaba muy denostado en los primeros años del siglo XX y hasta el Museo del Prado no estaba dispuesto a exponer sus obras.
El centro fue adquiriendo poco a poco un gran prestigio gracias a sus métodos de enseñanza que se encuadran dentro de la filosofía krausista, como corresponde a la corriente que utilizó la Asociación Libre de Enseñanza. Muchos intelectuales Menéndez Pidal, Ortega y Gasset y artistas como Sorolla, Muñoz Degrain, se identificaron con estas ideas y comenzaron a exhibirse sus obras en el Círculo de Bellas Artes, Ayuntamiento, escuelas Aguirre etc.
Todos estos logros se vieron truncados por la guerra civil (1936 a 1939) y al estar las instalaciones en primera línea de frente quedaron en estado de ruina. Se reanudan las actividades docentes en 1940 después de una reconstrucción y adaptación de las antiguas infraestructuras. En 1984 la colaboración entre las instituciones estatales y municipales desaparece y la escuela de Arte Francisco Alcántara pasa a depender de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid.
La ubicación del centro es privilegiada al encontrarse en un paraje excepcional rodeado por el Parque del Oeste, muy cercano al histórico Cementerio de la Florida y con soberbias vistas sobre la Casa de Campo al otro lado del Rio Manzanares, en ella se encuentra prácticamente integrado los restos del jardín diseñado por Javier de Winthuysen.