¿Fue la guerra del 36 un conflicto político mal gestionado por el gobierno de Casares Quiroga y hábilmente utilizado por los líderes de la extrema izquierda para la revolución socialista que anhelaban? ¿Se levantó el Ejército contra la República o solamente contra un gobierno dominado por las izquierdas, que excluía a todos los demás partidos? Setenta años después podemos analizar los hechos a la luz de la historia, tal como ocurrieron.
Consecuencias de la sublevación militar en Madrid.
Los primeros periódicos de la tarde del sábado día 18 de julio de 1936, comunicaban en sus titulares la noticia de la sublevación de una parte del Ejército de Marruecos que “se había levantado en armas contra la República, y nadie absolutamente nadie se ha sumado en la península a este absurdo empeño”. Acompañaba a estas palabras las primeras medidas del Gobierno de la Nación: anulación del estado de guerra implantado en las ciudades por los sublevados, para los soldados de las unidades sublevadas, licenciamiento y exención de obediencia a los jefes y oficiales y mediantes decreto, la baja en el Ejército de los generales golpistas.
En Oviedo, el Coronel Aranda se entrevista con las autoridades locales garantizando que no se sumara a ningún golpe de Estado, accede a la entrega de armas a dos columnas de 4.000 mineros que se han organizado para trasladarse a Madrid y defenderla de un posible ataque, aportando 250 fusiles en pésimo estado, que las columnas llamadas Otero y Acero aceptan saliendo inmediatamente para la Capital, dejando desprotegida las ciudades de Oviedo y Gijón.
En Madrid, esa misma tarde, Largo Caballero y los lideres de extrema izquierda comienzan a pedir insistentemente armas para los militantes sindicalistas, dando ordenes a los correspondientes lideres locales de otras ciudades para que realicen manifestaciones con el fin de reclamar armas para los obreros afiliados a partidos de izquierdas.
El Presidente del Gobierno Casares Quiroga, duda de la entrega de armas a los obreros ya que si no accede, difícilmente podría hacer frente a la sublevación militar y si accede, el ejecutivo quedaría a merced de los grupos revolucionarios. En esos mismos momentos, a través de Unión Radio, el comité nacional de CNT proclama la huelga general revolucionaria.
A las nueve de la noche, los órganos dirigentes del Partido Comunista y Socialista publican una nota conjunta dirigida a sus afiliados en las que solicitan “cada militante debe presentarse en el local de la organización mas inmediata y quedar a la espera de la orden de actuar, que les será dada tan pronto como esa consigna sea necesaria”.
A las diez de la noches, Casares Quiroga, incapaz de hacer frente a sus responsabilidades políticas, presenta la dimisión al Presidente de la República, Azaña que inmediatamente encarga al presidente de las Cortes, Martínez Barrios, formar un Gobierno sin incluir miembros de los partidos mas radicalizados, (Acción Popular, Lliga y Comunistas) con posibilidades de pactar con los militares sublevados. Las primeras negativas a esta propuesta provienen de Maura por un lado e Indalecio Prieto por otro y esta solución es desestimada.
Durante toda la noche se negocia para la creación de un nuevo Ejecutivo de coalición que se diseña con miembros de partidos políticos y algunos no afiliados como el general Miaja, Placido Álvarez Buylla y Felipe Sánchez Román y Gallifa, este último un centrista republicano que no había aceptado firmar el pacto del Frente Popular cuando entró en la coalición el Partido comunista.
El general Miaja, trata de hablar, esa misma noche, con el General Mola, organizador y cabeza visible del alzamiento militar para presentarle este gobierno como posible interlocutor, mientras Martínez Barrios contacta con Largo Caballero para el mismo motivo, pero este se niega a aceptar a Sánchez Román y amenaza con “la revolución social” a la vez que convoca una manifestación para las siete de la mañana del día siguiente con el fin de mostrar al nuevo Ejecutivo el poder de las izquierdas en la calle.
A las ocho de la mañana del día 19 de julio, Martínez Barrios se ve forzado, por la presión de Largo Caballero, a aceptar una confrontación bélica causada por un alzamiento militar y una revolución popular ocasionada por un interés político largamente larvado. Entre ambos hechos el estado de derecho había sido dinamitado. Radio Madrid informa durante la mañana que “se esta diseñando un Ejecutivo que aceptará la declaración de Guerra del fascismo al pueblo español”.
Las disposiciones del nuevo enfoque del Gobierno son contundentes, puesta en libertad de militantes de CNT, reapertura de locales anarquistas cancelados, entrega de armas a la población civil afiliada a partidos de izquierdas.
Al amanecer en Madrid, camiones cargados de fusiles comienzan a salir del Parque de Artillería en dirección a las sedes de UGT y CNT, donde son recibidos por numerosos militantes, se reparten sesenta y cinco mil, pero solamente cinco mil de ellos tenia los cerrojos montados. Por motivos de seguridad las armas eran desmontadas y almacenadas sus piezas, en lugares diferentes, por un lado el arma y por otro la parte móvil que llevaba el dispositivo de carga y disparo, estos últimos estaban depositados en el Cuartel de la Montaña.
Asedio y asalto al Cuartel de la Montaña
Estaba emplazado en el lugar que hoy ocupa el templo de Debod y construido a mediados del siglo XIX por el conocido arquitecto Ángel Pozas, se utilizó para su construcción fondos procedentes de las desamortizaciones de bienes de la iglesia y presentaba una planta rectangular con dos patios que formaban dos acuartelamientos diferentes, uno de infantería y un segundo de zapadores junto con unos barracones en el que se acuartelaban un grupo de alumbrado; construido en ladrillo y granito y a su alrededor se encontraban campos para instrucción y maniobra de tropas, por su capacidad podía permitir el acuartelamiento de dos mil quinientos a tres mil soldados distribuidos en sus completas dependencias que incluían almacenes, cuadras y hasta una prisión militar.
En la noche del 18 al 19 de Julio, el Coronel Serra al mando del complejo militar, se niega a facilitar la entrega de los cerrojos, imprescindibles para completar el armamento que había sido entregado a las milicias sindicalistas y partidos de izquierdas, por parte del Gobierno. Arma a un grupo de civiles falangistas y organiza la defensa del cuartel a través de las ventanas, sin sacar las tropas a la calle y a la espera de que el general Miguel García de la Herrán le envíe refuerzos desde los cercanos cuarteles de Campamento, a todo ello se opone la Dirección General de Seguridad desconectando las comunicaciones. En el interior del acuartelamiento se encuentran mil trescientos sesenta y cuatro hombres de los cuales son jefes y oficiales ciento cuarenta y cinco, estando también acompañados por un reducido grupo de voluntarios civiles falangistas.
En Madrid, el militar encargado por el general Mola, de iniciar la sublevación, el general Villegas no actúa de la forma prevista, sacando las tropas de la capital, viéndose obligando el general Joaquín Fanjul, ya en la reserva y antiguo subsecretario de Guerra con Gil Robles, a tomar la iniciativa de la sublevación y ponerse al frente del alzamiento desde el Cuartel de la Montaña, que junto con el grupo de civiles se atrinchera en el edificio y desde allí emite un comunicado explicando los objetivos políticos del alzamiento ”El ejercito español, dispuesto a salvar España de la ignominia y dispuesto a que no sigan gobernando bandas de asesinos ni organizaciones internacionales, toma por breve plazo la dirección política de España, con el exclusivo objeto de mantener el orden público y el respeto a la propiedad privada y a las personas” , bando similar a los que desde todos los puntos de España habían expresado los generales sublevados contra el gobierno, qué hacían hincapié, en dos conceptos, brevedad de la sublevación y protección a la República Democrática contra un gobierno manipulador.
Durante el domingo 19 de julio, mientras a través de los micrófonos instalados en el Ministerio de la Gobernación, Dolores Ibarruri (la Pasionaria) pronunciaba un discurso con el recuerdo del levantamiento del pueblo de Madrid el dos de mayo de 1808, frente a los franceses y pidiendo “a los obreros, campesinos, antifascistas y patriotas españoles que no permitan la victoria de los verdugos de Octubre.” Durante todo el día los militantes sindicalistas obreros que habían conseguido armas acudían al Cuartel de la Montaña para intentar lograr apropiarse de los cerrojos de fusil que almacenaba, junto con las armas de la guarnición acuartelada.
Desde las siete de la tarde del día 19, el Cuartel se encuentra rodeado por fuerzas de la Guardia de Asalto junto a milicias socialistas, siendo sus integrantes obreros de la CNT, comunistas y miembros de UGT. Durante la noche arden en Madrid cincuenta iglesias y antes de que triunfara el alzamiento militar, la revolución social de corte soviético ya era un hecho, a las masas obreras armadas se unió la columna de mineros asturianos que habían partido de Oviedo días antes y a este grupo se sumaria también, de forma fraternal, miembros de la guardia civil; en total podían contarse unos ocho mil profesionales contando las fuerzas armadas y cuatro batallones de civiles con formación paramilitar, ya que los miembros de los sindicatos y partidos de izquierdas recibían instrucción armada por parte de algunos mandos de los Guardias de Asalto.
A las cinco de la mañana del veinte, comienza una activa propaganda de altavoces y octavillas lanzadas por aviación que conminan a la rendición, comienzan descargas de fusilería intimidatorias por parte de los milicias obreras y se emplazan dos piezas de artillería de 75 mm, una en la calle Ferraz y otra en la Plaza de España una ametralladora situada a nivel de suelo, frente a la puerta principal del cuartel junto a la fachada de la Casa de Galiana, es subida mas tarde al tejado desde donde se amplia su campo de tiro hacia el cuartel y uno de los cañones se exhibe durante unos minutos en la embocadura de la calle Luisa Fernanda para que pueda ser visto desde el Cuartel.
Los altavoces de los sitiadores intentaban comunicarse con los soldados del interior “El Gobierno de la República os ha licenciado automáticamente: tenéis la licencia absoluta en vuestra mano. Basta con que abandonéis a los jefes y oficiales y salgáis a la calle en busca de nosotros, el pueblo que viene a libertaros, vuestros hermanos, los trabajadores de España.”Continúan los disparos de fusilería, ametralladoras y cargas de mortero, tras una breve interrupción en la que se trata de parlamentar, comienza a endurecerse el asedio.
A las seis y media de la mañana entran en acción cañón Schneider de 155 mm que habían sido arrastradas por un camión de cervezas hasta emplazarlo en la calle Bailen y una de las granadas hiere a Fanjul y a Serra, destruyendo de forma importante uno de los muros frente a la calle de San Vicente, comienza después un ataque aéreo en el que se derriba parte de la fachada principal a causa de una granada de aviación, lanzada por un avión Breguet XIX que impacta en el interior del patio del cuartel de Infantería destruyendo una de las fachadas. En las plantas altas del edificio, se atrinchera la tropa que quiere la rendición, dejando la defensa en manos de oficiales y civiles principalmente aunque algunos soldados ayudan a sus mandos naturales en la defensa.
A las nueve de la mañana, por orden del Ministro de la Guerra, Luis Castelló, se envía a parlamentar a Francisco Carmona quien visita al sublevado Serra, que le comunica su decisión de no rendirse y al salir del edificio comienza un nuevo ataque, que es interrumpido por la exhibición de una bandera blanca confeccionada con una sabana, desde una de las ventanas de un piso superior los asaltantes se lanzan hacia el cuartel y son recibidos por una descarga de fusilería, la supuesta rendición era falsa o bien realizada por alguna de las unidades que permanecían en el cuartel sin querer participar en su defensa.
La confusión entre los propios sitiados es muy grande unos quieren aceptar la oferta de rendición mientras otros no permiten la salida de estas fuerzas a la calle, repitiéndose la poco edificante historia de las banderas blancas en señal de rendición, desde las ventanas de la tercera planta, seguidas de fuego de fusilería desde las plantas bajas, para repeler los avances de los sitiadores.
A las once comienza en asalto final con los ánimos muy enfurecidos utilizando la brecha realizada por la pieza de artillería y situando en el centro del patio una ametralladora, a la vez que es atacada la puerta principal que cede minutos antes del mediodía, penetrando una multitud en el edificio que dispara contra todo lo que encuentra, un miliciano comienza a lanzar fusiles a sus compañeros del exterior, mientras otros lanzan a oficiales desarmados desde los pisos altos del cuartel, la mayor parte de los mandos, incluido Serra, son asesinados allí mismo y los Guardias de Asalto consiguen evitar que el deposito de armas caigan en manos de las masas, estableciendo un mínimo de orden en el desconcierto general.
Los soldados que salían del cuartel mostraban, entre sus manos, los documentos personales que les identificaban como miembros de los mismos grupos sindicales y políticos que los asaltantes milicianos, en un intento de poder salvar su vida, mientras que muchos oficiales se despojan de sus guerreras, para ser mas difícilmente identificables.
Se inicia una serie de matanzas y suicidios de oficiales, de los ciento cuarenta y cinco mandos, noventa y ocho mueren, catorce quedan heridos y el resto son hechos prisioneros, en los patios quedan doscientos cuerpos de los civiles que se encontraban en el interior del Cuartel, el general Fanjul es hecho prisionero y el coronel Serra muere, los milicianos se hacen con los fusiles y cerrojos y la bandera es llevada a la Puerta del Sol para ser colgada en el ministerio de Gobernación.
En Madrid, la República sucumbió en manos de una revolución popular, de corte soviético, el Frente Popular había logrado su objetivo.