La época de construcción del Parque del Oeste corresponde al periodo de la “La Restauración Monárquica” (1875-1931), en donde dos partidos políticos, realizaban una alternancia en el gobierno teniendo a la corona como árbitro, esto permitió una relativa estabilidad social propiciando la aparición del capitalismo burgués y la industrialización, que ya estaba expandida en el resto de Europa.
Ideología burguesa durante el cambio de siglo
Esta burguesía, haciendo un uso interesado del criterio darwinista de la evolución, mantenía que la teoría de Darwin explicaba las causas de las distintas clases sociales, entendiendo que las clases inferiores lo eran por motivos hereditarios y genéticos, siendo preciso una mejora en las condiciones de vida de los más desafortunados para evitar una revolución social que acabara con las clases dominantes; unido este concepto a la enorme inmigración que recibían las grandes ciudades del paupérrimo campo - Madrid mantenía una morbilidad y mortalidad escandalosas al analizarlas por zonas, ya que los barrios más humildes, sufrían tasas que en ocasiones triplicaban las de los barrios burgueses - se estableció dos soluciones basadas en la creación de parques públicos por un lado y la creación de sociedades filantrópicas por otro, que dulcificaba la miseria de las clases más desfavorecidas.
Este concepto de hacer realizaciones urbanas sociales era conocido con el eufemismo de “higienista” y a él debemos proyectos como la fallida Avenida Diagonal de Madrid y la actual Gran Vía, además del Parque del Oeste, tomando el ejemplo de otras capitales que incorporaron zonas verdes como, Central Park en 1877 en Nueva York y Les Buttes-Chaumont en 1869.
1893 Acuerdo de la construcción
El proyecto del parque se aprueba por el gobierno municipal de Madrid el 17 de enero de 1893 siendo alcalde de la ciudad Manuel Mariategui y Vinyals, Conde de San Bernardo, los trabajos debieron de retrasarse a causa de un problema de deslindes, en los que hubo de intervenir el Gobierno del Estado, por lo que las obras empezaron de hecho en 1898.
1898 cerramiento y primeras obras
Se cerca un perímetro de 3.600 m2 que corresponde a la margen norte del arroyo de San Bernardino, que corresponde al espacio situado entre la antigua Cárcel Modelo (actual Ministerio del Aire) y las vías férreas que corresponden a la estación del Norte. Las obras de jardinería fueron muy lentas y las plantaciones se realizaban según se conseguían fondos para ello.
1900 manifestación vecinal por la lentitud de las obras
Los vecinos del barrio de Arguelles solicitan una aceleración de las obras y plantean al ayuntamiento la conveniencia de no dilatarlas mas. A causa de esta protesta se inician las obras de jardinería, plantando la margen sur del Arroyo San Bernardino. En total se realizan plantaciones de doce mil arboles.
1905 Inauguración del primer sector del Parque.
El 3 de Septiembre el alcalde Eduardo Vicenti inaugura oficialmente el parque que comprendía una superficie de 37 hectáreas entre las actuales calles Moret y Avenida de Seneca, mas un paseo de carruajes, hoy conocido como de Camoens y Valero.
1906 comienzo de la primera ampliación
Un año más tarde comienza la ampliación del Parque en dirección a la montaña de Príncipe Pio, pero no llega a alcanzar esta zona, dando al jardín una ampliación de tres hectáreas más, se utilizó una zona de amplio desnivel usada como escombrera, que resultaba imposible pudiera ser destinada a construcción urbana, que desde el actual Paseo del Pintor Rosales, alcanzaba las vías del ferrocarril de la estación del Norte.
La financiación era realizada con fondos municipales, pero la carencia de estos hacia que se produjeran unas obras discontinuas y se acudió en busca de mecenazgos dentro de alta burguesía y la banca; acudiendo en ayuda para la financiación del Parque, el magnate marqués de Urquijo y el Banco Hispanoamericano, la Cruz Roja, como institución filantrópica vinculada a los fines higienistas del parque, también colaboro en su construcción.
El autor del proyecto fue el director de Jardines y Plantíos del Ayuntamiento de Madrid, e ingeniero agrónomo, Celedonio Rodrigañez y Vallejo, que al alcanzar la jubilación, fue sustituido por su ayudante Cecilio Rodríguez a partir de 1910.
1909 a 1911 mejoras en el Parque
A las obras de movimiento de tierras y plantaciones de jardinería de la ampliación del Parque del Oeste se suman las de adecuación de la primera fase y se traslada la fuente de la Fama, situada en Antón Martin al parque del Oeste, además de construir un magnifico Chalet, para utilizarlo como restaurante que saldría a concurso entre los mejores de Madrid.
Se continúan las mejoras sobre el Paseo del Pintor Rosales, empedrándose el trozo que une este paseo con el Parque, además se proyecta una nueva ampliación por el lado norte, con lo cual el Parque del Oeste ocuparía terrenos de la Moncloa, lo cual no se lleva a efecto.
Se planea el traslado del Jardín Botánico del Paseo del Prado al nuevo Parque, con la instalación de pabellones para dedicarse a la docencia así como, establecer relaciones de intercambio de plantas con otros jardines europeos.
Las quejas del público sobre el comportamiento de los guardas del Parque es constante, se obliga a los pasantes a enseñar lo que portan en sus bolsas, ya que está prohibido comer e incluso portar alimentos por aquellos que atraviesan el Parque para ir a los merenderos de la Bombilla, situados en el actual paseo de La Florida.
El horario de apertura del parque resultaba fuera de lo normal, puesto que se cerraba en verano cuando aún era de día y están muy perseguidos los comportamientos atrevidos entre las parejas de distinto sexo, ya que podían ser conducidos a comisaría por “atenoramiento” como se decía en aquellos tiempos.
1912 nuevas ampliaciones y dotaciones.
El Ministerio de Fomento, cede al Instituto Agrícola Alfonso XII y a la escuela de la Moncloa el espacio comprendido entre el Paseo del Rey y el que baja del Palacio de la Moncloa a la Florida, para que sea urbanizado con paseos y jardines públicos, esos espacios, en sí, constituyen una prolongación del Parque del Oeste, pero al costearse las obras y su mantenimiento a cargo de aquellas instituciones, se obtenía una mejora en costes de inversión. El decreto está firmado por Alberto Aguilera.
El parque así terminado era una conjunto de caminos, praderas y plantaciones dentro de un espacio abstracto, con fuertes desniveles que hacían cansado el paseo y no estaba permitido sentarse sobre el césped, por lo cual el espacio paralelo al Parque, el actual Paseo de Rosales, se transformo en un entorno para pasear, ver y ser visto, muy del agrado de la sociedad madrileña.
El centro de atracción visual y dinámico era la ría construida con las aguas del arroyo San Bernardino, que ocupaba las cotas más bajas del Parque. Nacía esta ría, en un lago de gran tamaño (hoy cegado), con un surtidor que alcanzaba los veinte metros de altura, discurría durante seiscientos metros hasta un segundo lago que si se conserva, aunque se ha perdido la rocalla que lo adornaba y ayudaba a formar una serie de cascadas y remansos de agua, donde podían verse peces de colores traídos desde el Parque del Retiro. La ría era atravesada por puentes de madera que permitía el paso de una margen a otra.
Incorporación del Paseo de Rosales al Parque del Oeste
El paseo del Pintor Rosales se encintó y terminó de adoquinar en 1894, en 1906 contaba con alumbrado eléctrico y el 1909 estaba terminada la plaza entre el Paseo Moret y Pintor Rosales (desaparecida por culpa del trafico) que lo limitaba; el uso dado al Paseo de Rosales, era el que en general tenían los parques públicos: se le dotó de quioscos de refrescos y de música, ya desaparecido en la bajada de la calle Marqués de Urquijo hacia el Parque del Oeste, donde se podía escuchar a la banda municipal que recaudaba fondos para los asilos cercanos de San Bernardino y Santa Catalina.
Existía también un cinematógrafo, El Cinema Azul, que además de proyecciones realizaba fiestas infantiles y populares durante los meses de estío; un segundo cine al aire libre, El Magic Park en plena actividad desde 1913, era además, un lugar de reunión de la buena sociedad, con infinidad de espectáculos, aunque abría sus puertas a través de la calle Ferraz quedaba integrado entre las actividades lúdicas del Paseo del Pintor Rosales.
1915. Estudios para incluir la Plaza de España como la entrada al Parque del Oeste.
Se modifica en este año el proyecto de reordenación de los terrenos que hoy ocupan la Plaza de España y cuyo proyecto había sido realizado por el Sr. Carrasco en 1910, con el propósito de emplazar la entrada del Paseo de Coches del Parque del Oeste entre los jardines del Cuartel de la Montaña, situado en la montaña de Príncipe Pio y buscando una entrada monumental artística, similar a las muchas que se habían destruido en Madrid, cometiéndose imperdonables herejías, como la demolición de la Puerta de San Vicente, pensándose en utilizar la actual puerta monumental, conocida como de Felipe IV hoy en el Parque del Retiro.
Se plantea por primera vez dotar al nuevo Parque del Oeste de un ferrocarril funicular, que sería considerado como una novedad y un interesante negocio, ya que en esa misma época el sistema patentado por Torres Quevedo estaba haciendo furor en Suiza y se encontraba en pleno proceso de fabricación en Bilbao, el funicular que se emplazaría en las cataratas del Niágara y aun persiste.
Las quejas que reflejan los diarios de la época sobre el parque continúan siendo: la falta de efectivo para acometer obras ya presupuestadas; la actitud improcedente de los guardas encargados de la vigilancia del parque, que solían pasarse de sus atribuciones de una manera frecuente: los problemas del restringido horario, que pese a recaudar cerca de tres millones de pesetas anuales en conceptos de entrada, el ayuntamiento no quería modificar.
El Parque del Oeste ha sido siempre un Jardín, poco frecuentado por lo incomodo de su trazado, utilizado casi exclusivamente por la burguesía que habita en sus alrededores, de muy costosa creación ya que al utilizar recursos sociales para su construcción estos eran presupuestados de una manera discontinua y las obras eran realizadas con muchas intermitencias, por personal escasamente motivado y en ocasiones francamente conflictivo, tratándose estos aspectos en el libro guía escrita que acompaña estas notas.