


El manantial que surte de agua al Parque del Oeste es en realidad un acuífero subterráneo conocido desde muy antiguo con el nombre de San Bernardino y que emerge a la superficie ocasionalmente, fue el eje central que sirvió para el trazado del antiguo Parque entre 1899 a 1905 con un desnivel muy acusado y seiscientos metros de longitud que se encauzó en un lecho de rocalla para que tuviera espectaculares saltos de agua, siendo el artífice del diseño Celedonio Rodrigañez y Vallejo.
Las aguas de muchos de estos manantiales fueron conocidas y utilizadas desde la época islámica de nuestra ciudad y se realizaron, ya en aquella época, trazados de galerías que fueron conocidos como “viajes de agua” y utilizados en pleno siglo XIX, inclusive después de que Isabel II mandara construir el canal que lleva su nombre y que abastecía de agua a los domicilios de Madrid desde el lejano rio Lozoya.

En periódicos de la época podemos leer referente al año 1900 “... en casi todas las casas las fuentes dan barro, no agua y en las fuentes públicas el precioso liquido corre con tales intermitencias que en todas las partes deja sentir su escasez”.
En general el espectáculo de vecinos acudiendo a las fuentes públicas a recoger agua fue muy común hasta la década de 1950, y la preferencia de los madrileños a las “aguas gordas” era tan concluyente que existía la opinión, sobre fuentes como las de Correos (calle de Alcalá) o esta del Parque del Oeste, de que sus aguas tenían propiedades medicinales, hasta bien entrada la década de 1970 en que fueron clausuradas..
Tanto la Fuente de la Salud como la de Correos, son testimonios vivos de un Madrid de hace cincuenta años, que utilizaba estas fuentes como aguas medicinales formándose largas colas para recoger su agua y consumirla como remedio casero para afecciones de riñón y otras dolencias, dándose cuenta de ello en las páginas del Libro “Parque del Oeste, paso a paso”.
