


La obra fue adquirida por el estado español y trasladada al Museo del Prado, ya que su exhibición no estaba pensada para ser expuesta a la intemperie, pero en 1908, aniversario del levantamiento popular en Madrid contra las tropas francesas se aprovecha, por la carga emotiva que emana, para ser símbolo del significado político que querían trasmitir los partidos constitucionales sobre los hechos del dos de Mayo de 1808.
La escultura se sitúa en primer lugar en la actual Glorieta de Ruiz Jiménez, mas tarde se traslada a la de Quevedo y pasa desde allí hasta su emplazamiento actual.
El simbolismo que encierran la escultura, muy fácil de interpretación, está implícito en las figuras que forman la alegoría: un soldado herido a punto de fallecer se apoya sobre un cañón, a su lado un niño, dispuesto a sustituirle aprieta sobre su pecho una mano femenina, junto a ellos una representación genuina del casticismo, un chispero, como puro representante de las esencias del pueblo y en lugar preeminente la figura alada de la gloria portando una bandera.
El conjunto es la esencia de un levantamiento de ciudadanos, en que interviene un militar, el pueblo adulto, una mujer, ya fallecida, que no puede impedir que su hijo tome las armas para defender una patria y una bandera, cuando en realidad el levantamiento del dos de Mayo, lo realizaron unos vasallos para defender los privilegios de un rey felón empeñado en negar las libertades políticas al pueblo español, mientras en el resto de Europa los vasallos ya eran ciudadanos con derechos iguales para todos.

